EL MEJOR CALENDARIO DEL MUNDO

    Solemos medir el tiempo en años, meses, semanas y días. Y cuando los días dejan de ser días y se convierten en horas… y las horas ya no son, sino minutos… y cuando aquellos minutos desaparecen y ahora son segundos, se nos vuelca la vida en emoción y adrenalina con el anhelo que algo muy esperado está por llegar o suceder y que ese algo, empieza casi, a parecer certeza. Y así nos pasamos, arrancando las páginas de un calendario que declina para iniciar con uno en limpio, sin marcas ni tachones, sin notas. Totalmente en blanco. ¡Bien! Vuelta de página, decimos.

   Qué tal si le cambiamos la cara al calendario y empezamos a medir el tiempo de forma diferente. Qué tal, si medimos el tiempo en experiencias.

   Midamos, pero en las cosas pequeñas que son todo menos pequeñas, en el tiempo compartido con otros, en nuestra capacidad de sentir no solo la felicidad ajena y alegrarnos por ello, pero sentir de igual manera el dolor del otro y que nos mueva. Midamos el tiempo en los sentimientos que habitan en nuestros corazones y en los actos de justicia que hayamos emprendido. Midamos el tiempo en vivencias y, sobre todo en aquello que hemos aprendido.

   Midamos el tiempo en abrazos, en los sueños que hemos tenido. En esfuerzos, en batallas ganadas o perdidas. En logros y pendientes. En cuántas puertas hemos abierto con valentía y cuántas, aún esperan. Midamos el tiempo en las miradas que se cruzaron en nuestro camino, en ilusiones cumplidas o no. En bondadosas cicatrices y nobles arrugas, en las palabras que dijimos, en risas y lágrimas que compartimos. Cuánto hemos hecho para ayudar a otro y a cuántas personas hemos dado ánimo o regalado una sonrisa. A cuántas hemos hecho ver lo bueno que hay en ellas y a cuántas hemos expresado un “te quiero”.  Midamos el tiempo en todas aquellas personas que han sido parte de nuestra historia. Midamos el tiempo en libros leídos, en cuánto aprendimos y cuánto crecimos.

   Midamos el tiempo, pero no en años, meses, semanas o días, porque somos mucho más que unas cuantas páginas del calendario. Midámoslo en las experiencias que buenas o no tanto, son la vida bien vivida.

   Mi deseo para todos en éste 2017, un año lleno de vivencias que nos acerquen aún más al corazón, a nuestro crecimiento interno y a aprender cosas nuevas. Que éste nuevo ciclo nos colme de gratitud, amor, bienestar y prosperidad.

¡Feliz Año!

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