DESPERTAR LA COHERENCIA DEL CORAZÓN

   “Educar la mente sin educar al corazón, no es educar” Aristóteles

     El eterno dilema de la actualidad, escuchamos a la razón o escuchamos al corazón. La verdad es que debemos, como en todo, encontrar el balance sin olvidar que la mente es condicionada y el corazón es donde reside la sabiduría. Por lo tanto, ignorar lo que nos dice el corazón y permitir que sea la razón la que tenga la última palabra, puede llevarnos a negar lo que ya de antemano sabemos cómo verdad, pero tememos reconocer. No podemos ser ni totalmente racionales, ni totalmente emocionales, sin embargo, existe una explicación que afirma que la respuesta correcta, siempre nace en el corazón.

   Curiosamente, el mundo de hoy nos lleva a polarizarnos más que nunca, la tecnología, el mundo competitivo en que existimos, el imponernos sobre otros, nos lleva a dos situaciones de escaso balance, o una espiritualidad extrema que se aleja de la realidad cotidiana, o una materialidad ingrata que nos inunda de un vacío emocional intolerante. En ambos casos se ve afectada la convivencia y la emotividad. El estrés y la ansiedad se han convertido en el pan de cada día. Debemos encontrar el balance y reconocer nuestra naturaleza.

   Desde 1991 se descubrió científicamente que el corazón es capaz de pensar. Ahora sabemos que es un órgano inteligente y sabio a la vez. Es más, su capacidad de pensamiento es mayor a la del cerebro y tiene memoria. El 65% de su tejido está conformado por neuronas, cuenta con un sistema nervioso, es coherente y a partir de ello, se ha reconocido como un sistema neuro-cardiaco. Parte de lo descubierto es que químicamente, el corazón segrega las mismas sustancias que segrega el cerebro, dopamina, serotonina y oxitocina (entre otras), hormonas relacionadas con la felicidad, el bienestar y los sentimientos de amor, pero a diferencia del cerebro, el corazón las genera en mucha mayor cantidad y lo mejor de todo, no se encuentra condicionado.  En realidad, el corazón es el único tejido del cuerpo que cuenta con receptores para todas las sustancias conocidas hasta el día de hoy y así mismo, el único tejido que recibe, traduce y procesa la información de todo nuestro cuerpo y hacia todo nuestro cuerpo, por lo que comprenderlo es de gran importancia e influencia para nuestra salud física y emocional. El ritmo cardíaco genera ondas vibratorias similares al canto de las ballenas, por eso se dice que el corazón canta. Vibra de acuerdo a nuestros sentimientos creando patrones en forma de ondas. Altas vibraciones (patrón coherente) la empatía, el amor, el cariño, la alegría, la confianza, la compasión y la gratitud. Bajas vibraciones (patrón incoherente) el miedo, la duda, la tristeza, la ira, la negatividad, el estrés etc.

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La amplitud del campo electromagnético que genera el corazón es 60 veces mayor y 5,000 veces más potente y más veloz que el del cerebro, por eso la información nos llega mucho antes que al cerebro y de la misma forma la emitimos. Normalmente ésta vibración puede detectarse a tres metros de distancia alrededor de nuestro cuerpo, pero en estado meditativo o a través de sentimientos como la emoción o el Amor, puede extenderse a distancias mucho mayores. Su vibración es responsable de influir en nuestra salud, la conexión que sentimos con otros, la atracción, cómo percibimos situaciones o el entorno. Por ejemplo, el efecto que produce en nosotros el arte, se genera en el corazón. El razonamiento intelectual resulta ser un efecto posterior e influenciado por nuestra capacidad y condicionamiento mental. Por eso, la apreciación del arte es una buena práctica para conectar desde el corazón y romper con patrones estrechos previamente establecidos. No estaría equivocado decir que el arte transforma nuestra percepción.

   Cuando el corazón vibra con la intención de expresar amor, aceptación, empatía, cambia el campo magnético y se convierte en armonía. Lo contrario es obvio y sus consecuencias pueden ser caóticas. Para mejor comprender el ilimitado poder de sanación y trasmutación que posee el corazón, entendamos que el campo electromagnético generado por la energía del corazón, sintoniza con la energía vibratoria del planeta, por lo que, en forma global y sincronizada, al elevar la vibración en meditaciones en masa con este fin, puede elevarse la rata vibratoria de países en crisis o hasta del planeta. Existen casos bien documentados donde cientos, o miles de personas unidas en meditación a nivel global durante cierto periodo de tiempo y a la misma hora, han logrado influir positivamente sobre una situación de crisis. Éste es el trabajo de la nueva conciencia, o de ordenes filosóficas y esotéricas como el Rosacrucismo o la Masonería, que se une para el bienestar de la humanidad siendo conscientes de esa capacidad de sanación y transmutación que emite el corazón.

   En la educación occidental, se nos entrena desde muy temprana edad a razonar, de tal manera que se ignora por completo la importancia de escuchar primero al corazón ya que no se le reconoce como un órgano pensante y menos, como conocedor de toda verdad. La innata sabiduría del corazón es infinitamente más valiosa que la sabiduría de la mente, es claridad y lucidez. Es intuición y dónde se genera la creatividad. Es el umbral del conocimiento y de la sabiduría. El corazón posee memoria y su memoria puede despertarse. La mente, se encarga de procesar la información recibida, por lo que re-educar nuestra mente, liberarla de todo aquello que no nos sirve y nos condiciona, es el primer paso para lograr una comunicación sin interferencia entre nuestro corazón y nuestra razón. Recordemos que la primera impresión, siempre viene del corazón, el corazón sabe, pero es la verdad que solemos ignorar porque no la reconocemos como tal o nuestros condicionamientos nos han entrenado a negar la sabiduría emocional del corazón.

   Si la comunicación entre ambos no es fluida, la mente distorsionará la información recibida por el corazón, llevándonos a la insatisfacción, al miedo y hasta a la frustración. El corazón es creativo e intuitivo, está directamente conectado al espíritu o fuente de toda conciencia, de ahí su sabiduría. ¿Pero qué pasa? Corremos a pasar la información a la razón y es ahí donde distorsionamos el mensaje inicial, silenciamos la voz interna, entramos a dudar y terminamos por ignorar al corazón. Aquí empezamos a bloquear el chacra del corazón evitando la armonía necesaria para alcanzar la plenitud.  Bien decía Buda, en mente clara, corazón tierno. ¿Qué hacer entonces? Detengámonos un rato, cerremos los ojos, pongamos la mano sobre nuestro corazón y escuchemos antes de apresurarnos a razonar. Pongamos atención y confiemos en la sabiduría del corazón.

   Es la mente la que está al servicio del corazón y no viceversa, pero el fino velo que les une debe estar libre de obstáculos. Cuando entramos en meditación el latido del corazón entra en “fase” o estado Alfa que se traduce a un estado coherente del corazón. Para lograr un estado de coherencia permanente, necesitamos la unión de dos partes, del cerebro y del corazón, quien lleva el mando ha de ser el corazón y la razón debe de estar libre de condicionamientos. Hay que abrir las vías de conexión entre uno y otro, una vez logrado se mantendrán abiertas ya sea que estemos en estado meditativo o no. Debemos ejercitar al corazón como el gran maestro que es y aprender a escucharlo sin condicionamientos.

   Muchos son los beneficios cuando logramos la coherencia del corazón. Físicamente reducimos el estrés, los ruidos internos se reducen, incrementa nuestra capacidad cognitiva ya que se activa la capacidad cerebral, mejoramos nuestra capacidad de adaptación y aceptación, obtenemos un sueño más reparador, normalizamos la presión arterial, mejora el funcionamiento renal, trabajan conjuntamente el consiente y el inconsciente pero adquirimos una mayor conexión con el inconsciente, mejora el ritmo cardíaco a través del patrón coherente, crecen sentimientos como el cariño, la empatía,  la compasión y el Amor. Reconocemos que estamos unidos con la Fuente y el Universo y somos parte de un todo. De este modo, podremos despertar nuestra más grande capacidad intuitiva, creativa y otros estados de conciencia que quizás aún, no hayamos experimentado.

   Lo primero que debemos  reconocer es que la Sabiduría no es el conocimiento que se adquiere a través de la mente ya que la mente por sí sola, tiene la discapacidad de distorsionar la realidad, nos desconecta de la fuente y proyectamos realidades subjetivas de acuerdo a nuestros condicionamientos. La sabiduría es reconocer las cosas desde el corazón, es despertar a través de la compasión.

   De la inteligencia deriva la compasión y del saber, la conciencia. Es el gran maestro, nuestro corazón, quien nos mantiene unidos a la sabiduría y al Espíritu Universal. Es en el corazón donde encontraremos las respuestas. Aprendamos a escucharlo alcanzando el balance entre mente y corazón y despertando en coherencia con nuestra verdadera naturaleza. Despertemos la memoria del corazón sin olvidar que todo aquello que vale la pena requiere de esfuerzo y de trabajo. Ser conciencia es un proceso. ¿Te animas?

 

 

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