¿CUÁL CAMINO ESTAMOS RECORRIENDO?

 

     El camino de este viaje, al que llamamos vida, es la experiencia. Quien no se ocupa de su experiencia vive en vano o no vive y no sé qué es peor. Solemos existir bajo las expectativas que nos dictan el medio, el sistema, la cultura,  los amigos o la familia.

   Nos avergüenza cometer errores, equivocarnos, o tomar “malas” decisiones, procurando vivir bajo un decálogo de reglas impuestas por una sociedad poco tolerante y rápida en calificar, al otro por supuesto, muy pocas veces o nunca, a sí mismos. Cuando comprendamos que está bien equivocarse, cometer errores, cambiar de opinión, será cuando estemos viviendo nuestra propia experiencia de forma libre y plena. Equivoquémonos, cometamos errores y si viene la adversidad, mejor aún, porque es la adversidad la que nos forma, no la sociedad, no el sistema, ni siquiera la educación. Al final, somos el producto de nuestras propias experiencias.  Si creemos saberlo todo, estar siempre en lo correcto, ser perfectos, no damos posibilidad a conocernos a nosotros mismos, tal vez, el reto más difícil de todos. No nos abrimos a la necesidad imperante de cuestionar, buscar, aprender y comprender. Estaríamos entonces negándonos,  a ésta gran y maravillosa aventura que es  ¡Ser! -Vivir y existir. En el tanto comprendamos, que somos una parte del todo con la naturaleza, con el Universo y con el resto de los seres, un alma experimentando la existencia material y no viceversa, en ese mismo tanto comprenderemos que la vida que se nos ha dado, es el mayor regalo del Universo. La experiencia, es el medio por el cual nuestra alma evoluciona en conciencia y como parte de un todo, evoluciona el Universo con nosotros. Es esa la promesa más grande de amor que nos fue concedida, el libre albedrío.

   Pero es el miedo, el estado más cómodo para evadir la responsabilidad de vivir, de ignorar las posibilidades que la vida nos ofrece, de experimentar vivencia y por último, Ser. No olvidemos que, el miedo, es producto de aquel milenio oscurantista que se valió de él para controlar a las personas y negar la divina individualidad y grandeza del ser humano. Se plantó como una semilla en la memoria genética de la humanidad para poder dictar sus destinos a través del castigo y el pecado, bajo un teocéntrico concepto de lo “bueno” y lo “malo”.

   Hay solo dos “pecados capitales” que debemos evitar en este camino al que llamamos vida: 1- No amar, 2- No perdonar. Para los demás y para  nosotros mismos. Si aprendemos a vivir en amor y perdón, el resto estará implícito.

 

                       

 

 

Liked this post? Follow this blog to get more.